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La vía Láctea de Madrid

Cuarenta años despuEs, La VIa Láctea sigue llenando Malasaña: la cola más famosa de la noche madrileña

La Vía Láctea es un bar del centro de madrid que lleva llamando la atención de las nuevas generaciones desde 1979 y repite cada fin de semana una estampa que ya se ha convertido en tradicional en la calle Velarde: la de los jóvenes que hacen cola para entrar en uno de los templos musicales del barrio, esperando turno hasta que el puerta les da paso.

Antes de fundar La Vía Láctea, Marcos López Artiga desarrolló su carrera en la hostelería en Sigüenza (Guadalajara), donde en 1968 inauguró El Molino, la primera discoteca-bar de la provincia. Este espacio fue pionero en su tiempo por su apuesta por la música importada y por acoger actividades culturales poco habituales durante la dictadura franquista. Pronto se convirtió en un punto de encuentro para una juventud inconformista, símbolo de modernidad y libertad en un entorno conservador, y supuso el primer paso hacia el concepto de ocio alternativo que López Artiga consolidaría años después en Madrid.

 

Ya instalado en la capital, el fundador aplicó su experiencia y formación en Arquitectura para crear un local que uniera música, arte y diseño. En 1979 abrió La Vía Láctea en el número 18 de la calle Velarde, en un espacio industrial transformado con una estética futurista y galáctica, inspirada en el club Melkweg de Ámsterdam. Con la colaboración del artista Montxo Algora, el lugar se convirtió rápidamente en un emblema de la vida nocturna y cultural de Malasaña, marcando el inicio de una nueva etapa en la historia del ocio madrileño.

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La idea original de La Vía Láctea fue crear un espacio que reuniera arte, música y cultura popular, donde las “estrellas” del momento estuvieran presentes tanto en espíritu como en imagen. Para ello, Marcos López encargó a los artistas Costus que pintaran en las paredes a figuras como Ava Gardner, Lola Flores o Marlon Brando, transformando el local en una auténtica galería. Aunque abrió como Music Bar Grill y llegó a servir comidas ,incluso hamburguesas, algo inusual entonces, pronto se centró en la vida nocturna. Su cuidada selección musical, basada en sonidos anglosajones de los sesenta y setenta, y su distintiva decoración, que más tarde se completó con carteles de conciertos, consolidaron a La Vía Láctea como un referente cultural y musical de Malasaña, símbolo del espíritu artístico y alternativo de Madrid.

 

El éxito de La Vía Láctea se basa en su conexión con Malasaña y su espíritu alternativo. La familia López ha mantenido vivo el legado, con nuevas generaciones como Sarah Krahe, convirtiendo el bar en un símbolo de identidad, tradición y energía del barrio.

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